Alberto confirmó más retenciones a la soja

El discurso del presidente Alberto Fernández ante la asamblea legislativa, inaugurando las sesiones ordinarias de 2020, dejó para el denominado “campo” un gusto bastante amargo, ya que mientras anticipó planes oficiales para el desarrollo de la industria, el sector petrolero y la minería (que ya tributan retenciones bastante menores), a los productores de granos les pidió una mayor solidaridad. En ese sentido, el presidente confirmó el nuevo esquema de retenciones para los granos, que implicará la suba de 3 puntos para la soja y algunos alivios para otros cultivos regionales.

“Hemos hecho una propuesta generosa que solo incrementa (las retenciones) de 1 sobre un total de 25 cultivos hoy afectados por esos derechos. Además respeta en un todo las condiciones que nos fueron impuestas por la Ley de Solidaridad. Ello resulta absolutamente favorable para el desarrollo de las economías regionales”, dijo el presidente en los tramos de su discurso dedicados al agro.

Alberto no habló de porcentajes ni brindó precisiones. Pero para todos quedó claro que el gobierno ratificó que planea subir un 10% las retenciones a la soja y sus derivados (del 30 al 33%, de 5.500 millones de dólares a unos 6.000 millones solo en ese cultivo), a la vez de reducir algunos derechos que pagan los cultivos regionales, como el arroz, el girasol, el algodón, el maní y el maíz pisingallo. Esos cultivos tributaban menos del 7% hasta el cambio de gobierno, pero la actual gestión elevó las alícuotas a 12% o 9%, según el caso. Ahora bajaría algunos rubros al 5%.

La Mesa de Enlace y el ministro de Agricultura, Luis Basterra, quedaron en verse las caras el próximo martes a las 10, para ver si se logra algún consenso en torno a esta propuesta.

Alberto, quien en las últimas horas también tildó a lso productores autoconvocados de ser “opositores”, dejó en claro que espera que las entidades agropecuarias acepten este esquema de alícuotas (que también contendría retoques a la carne vacuna y la leche en polvo), y que desistan de realizar medidas de protesta que reclaman muchos grupos de productores, que dicen que con el nivel actual de retenciones muchos cultivos han dejado de ser rentables.

“Yo aspiro a que esta vez, a través del diálogo, encontremos el camino que nos permita apuntar al desarrollo y a mantener el equilibrio de las cuentas públicas”, dijo el presidente, estableciendo distancia con el conflicto de 2008, que tuvo como protagonista al gobierno de Cristina Kirchner, sentada a su lado.

Para suavizar las cosas, lanzó otro par de mimos, al menos dialécticos. Dijo: “Que el campo crezca es uno de los objetivos” de su gestión y remarcó una serie de medidas supuestamente benéficas para los productores. “Nos hemos ocupado para mejorar las condiciones de acceso al crédito, hemos cuidado que el precio de los combustibles no los afecte tampoco” y hasta habló que que el esquema cambiario actual “los ayuda mucho” para la compra de insumos.

En este escenario, ¿de qué podrían agarrarse los productores para no sentirse las hijo de la pavota en esta etapa de la Argentina? Solo parecen ser contemplados a la hora de pagar más impuestos y ser solidarios con los más obres, ya que disfrutarían de supuestas rentabilidades que en muchos casos no existen o pueden ser discutidas.

Sin embargo Alberto insistió: “En este proyecto de desarrollo económico, el campo debe ser un protagonista importante” e indicó que se convocó a los productores “para que colaboren en la lucha contra el hambre, porque tienen mucho que dar a los que más lo necesitan”. No mucho más.

Serán protagonistas centrales de un país devastado, que además se dirige a una renegociación de su deuda externa, la batalla más importante de todas las que mencionó el presidente entre las que tiene por delante.

Quizás como consuelo, al agro le pueda quedar el anuncio final que hizo el presidente en el capítulo de su discurso dedicado a la economía. Prometió enviar al Congreso un proyecto de ley para crear un Consejo Económico y Social que trace las políticas de largo plazo que necesita el país para desarrollarse.

Alberto mencionó ese consejo como “una plataforma de sueños que puedan hacerse realidad”. En el campo las cosas quedaron claras: “Hay que seguir poniendo, muchachos, aunque al menos ahora nos permitan soñar en que alguna vez las cosas cambien”.